Cátedra Paz, Seguridad y Defensa

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Observatorio PSyD

El observatorio opina

1 de Abril de 2020

¿Y el futuro?

Àlex García
Estudiante

La incertidumbre del porvenir me desconcierta. La inefable sensación de descontrol me obliga a huir de lo desconocido. Temer a la frustración del mañana. Perder el sueño imaginando próximos eventos. La sensación conmovedoramente familiar y sorprendentemente nueva del futuro, frenético futuro. Todos estos sentimientos provocados por una sociedad que toma el paso del tiempo como un tema tabú. Desde la infancia soñamos con ser mayores sin comprender la incomodidad de los adultos cuando hablan del tema. ¿Es la sociedad la que nos incita a pensar de esta manera o es la naturaleza humana?

Es muy sencillo afirmar que el desarrollo de la mente humana corrompe nuestra visión del futuro, que nuestras esperanzas y sueños se desvanecen a medida que crecemos, que por definición los más pequeños pueden soñar y los adultos deben ser realistas y perder sus esperanzas. ¿Cómo hemos llegado a este punto?

La realidad es bastante contradictoria. El rechazo de la sociedad se alza ante nosotros como un abismo que debemos evitar. Ella nos hace olvidar a cambio de sentirnos incluidos. Ella nos deja dormir bien sabiendo que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos. Como niños cambiando cromos estamos dispuestos a doblegarnos ante ella para obtener la satisfacción general. El único camino que no se cierra es la aclamada madurez, imprescindible para alcanzar la madurez. O eso dicen. Ignorar el paso del tiempo solo nos puede arrastrar a una sociedad que se rige por las ideas preestablecidas de lo que está bien y lo que está mal, de lo que debemos pensar y lo que no, de lo que tenemos que hacer y lo que no.  Vivimos en un mundo en el que avergonzarse de ser anciano es normal. En definitiva, nos avergonzamos de la vida. Despreciamos el mejor regalo que nunca nos podría haber hecho alguien, el simple hecho de nacer.

Toda persona digna de considerarse lúcida debería replantearse como afecta la carga social en su día a día, en como ponemos fecha a todo. Aunque reconozco el esfuerzo de desarrollar ideas propias cuando tu vida parece tener un único camino nuestra manera de comprender el futuro es errónea. No todo tiene fecha. No hay un lugar lógico para todos los acontecimientos de la vida. No podemos predecir qué será de nuestras vidas. No debemos ignorar el paso del tiempo. Debemos luchar por que sea el mejor futuro que hayamos podido conseguir.

Profunda melancolía es la mejor descripción de nuestra sensación tras recordar el pasado. Ese pasado que alguna vez fue futuro. Futuro por el que nos ilusionamos y soñamos. ¿No es suficiente prueba como para ensalzar la llegada de tiempos venideros? Necesitamos comprender cuál es la realidad. Solo se vive una vez. Debemos vivir el presente imaginando un futuro en el que habremos progresado. Bien sea progreso intelectual, físico, económico,… El ser humano se fundamenta en sus acciones, en su actuar y, sobre todo, en las decisiones que se le presentan a diario. De esta forma se entiende el ser humano como un proyecto inacabado, en proceso, que no termina a cierta edad, sino que lleva una vida entera realizarlo. El presente es la dimensión en la que nos movemos. Hace de puente entre las otras dos dimensiones. Sin pasado no seríamos lo que somos. Sin futuro no hay motivo ni posibilidad de avanzar en el camino. De esta manera somos un conjunto de pasado presente y futuro. El futuro cumple una misión de vital importancia siendo el motor de nuestras aspiraciones, nuestra razón de existir. Rendirnos y olvidar lo que queremos que ocurra en él es dejar atrás todo lo que hemos luchado, todo por lo que nos hemos sacrificado, todo lo que siempre hemos querido.

¿Es el tabú impuesto por la sociedad lo que provoca la frustración de sus ciudadanos? Probablemente. Aspiro a conocer una comunidad que celebre la edad de sus veteranos, festejando lo que más importa, la vida. ¿Soy demasiado ambicioso? Probablemente. Al fin y al cabo, solo soy un joven haciendo lo que la sociedad quiere. Soñar con un futuro utópico que debería olvidar dentro de no mucho.

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