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Observatorio PSyD

El observatorio opina

26 de Febrero de 2016

La desigualdad, un motivo para la esperanza

Fernando Martín Cubel
Máster en Relaciones Internacionales
Miembro de SEIPAZ

La desigualdad suele ser un término que se intenta ocultar de forma deliberada en la información que todos los días recibimos, imágenes que generan una especie de razón ilusoria respecto al mundo. En muchos casos, se busca un perfecto encasillamiento del término como si fuera posible ponderar con cierto sentido común el significado mismo de la desigualdad, masticar la realidad desigual con cierta fruición, para posteriormente ser depositado en un espacio en el que se archivan cuidadosamente todas aquellas realidades una vez encuadradas y apresuradamente olvidadas.

No cabe la menor duda que la cuestión de la desigualdad es causa esencial de un gran número de realidades a los que se enfrenta la humanidad y el propio planeta, y a su vez, se convierte en expresión de realidades sociales, económicas y políticas de gran calado: la desigual brecha abierta de nuevo en las sociedades occidentales con la crisis económica y financiera, la contundente realidad en nuestro  mar Mediterráneo con dos orillas tan distantes en riqueza, la situación de las minorías en numerosos países de Oriente  Medio, las absurdas medidas de inmigración que adoptan los gobiernos europeos y americanos frente a la presión migratoria que genera más desigualdad, la dificultad de la mujer en numerosos lugares del planeta, son ejemplo todo ello, en realidad nunca acabaríamos el relato de la desigualdad.  En cierta manera, cuando nos enfrentamos  a esta cuestión se genera un escenario borroso y complejo que provoca grandes dificultades en su análisis. En ocasiones la desigualdad es causa y consecuencia, los niños soldados en África están en este cruel doble juego mientras que ejercen un terrible poder a través de la violencia en el conflicto, son a su vez víctimas de la desigualdad terrible a la que se ven sujetos en sus comunidades junto a sus familias sin otro futuro que el propio hecho de convertirse en soldados. También los jóvenes franceses, británicos y españoles entre otros, expulsados del paraíso de sus padres, aislados  y faltos de cualquier posibilidad de un futuro  esperanzador, deciden huir y ser parte del oscuro proyecto que representa el Califato Islámico.

Para aquellas personas que contamos con la fortuna de observar con los prismáticos de la investigación los aconteceres del mundo, son dos las cuestiones que enfatizan la realidad de la desigualdad. La indiferencia es con mucho el peor enemigo de la condición humana, motivado como una reacción de falsa defensa y seguridad por las sociedades ante los diferentes fenómenos de desigualdad,  y que provoca  una ceguera inducida así como  la propia inacción social y política. La indiferencia no solo atañe a las sociedades ricas y más avanzadas del mundo, descubrimos ejemplos en comunidades y sociedades con niveles de desarrollo menores en los que este fenómeno está muy presente. Dicha indiferencia representa en muchas de nuestras sociedades una nueva forma de estigmatización social, política, económica y cultural donde se intenta olvidar la desigualdad situándolo en un estadio secundario que no suponga una auténtica reconsideración de los firmes postulados de los estados y las sociedades, que no plantee la situación del “otro” frente a nuestro “yo”, y esto sí que resulta preocupante. Esta nueva forma de estigmatización cobra gran fuerza en las sociedades europeas que ven como sus modelos sociales perfectamente legitimados están en peligro frente a las consecuencias de las interacciones globales o ante hechos como son los fenómenos migratorios, en otros espacios como América Latina la desigualdad necesita de la indiferencia para no aceptar los profundos retos sociales que acompañan al milagro económico regional y que en muchos casos terminan en la cuneta de un falso desarrollo, sin olvidar las dificultades de las nuevas clases medias en los países árabes.

Por último, sería estúpido hablar de desigualdad y no relatar las realidades a través de las denominadas “brechas”. Hablamos de la “brecha digital” y las diferencias reales en la implantación de las TICs entre diferentes sociedades;  en su caso la denominada “brecha de género” donde se acentúan las graves condiciones de existencia de la mujer siendo con mucho el feminicidio el estadio más execrable de todos; también, la denominada “brecha económica” que ya no solo hace mención a las desgarradoras realidades de desigualdad regional sino que en cuantiosos casos conviven en nuestras comunidades con crudeza, y todo ello, sin olvidar viejas desigualdades respecto a la raza o la religión, entre otros. Los procesos de globalización han acentuado estas brechas en numerosas áreas del mundo, pero ello ha generado en su base, múltiples proyectos de desarrollo y cooperación que permiten una sustancial reducción de dichas brechas, un ejemplo son los resultados positivos de los índices de desarrollo humano en zonas de América Latina.

Con la profunda esperanza en las posibilidades y el valor por salir a adelante que en numerosas zonas del planeta, caso de Afganistán donde las niñas acuden con una relativa seguridad a los colegios; en África donde se está luchando frente a los terribles azotes del ébola; la adopción de leyes más acordes con la protección de menores, o en su caso el ejemplo de Oceanía en el que sus estados en absoluto plano de desigualdad ante las consecuencias del Cambio Climático comienzan a generar acciones para mitigar este proceso, la desigualdad resulta consustancial a nuestra naturaleza como especie y debe ser una realidad que no ha de forjar indiferencia, tanto Unamuno como Saramago supieron plantearnos cómo observar y actuar frente  a la indiferencia; muy al contrario, la desigualdad humana y sus diferentes brechas son un acicate para la mejora y el adecuado crecimiento en esta sociedad absolutamente globalizada y en la que resulta muy complicado permanecer al margen. Las oportunidades jamás vienen solas y la desigualdad no deja de ser una más, para aquellos que pensamos global bien los sabemos.

26 de febrero de 2016


      


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