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Observatorio PSyD

El observatorio opina

15 de Enero de 2021

2020, el año que ha cambiado la guerra

Francisco Rubio Damián
Coronel del Ejército de Tierra (Rva), doctor en sociología
Director del Consorcio del Castillo de San Pedro de Jaca

Más allá de la significación geopolítica que tiene la crisis del Alto Karabaj, la reciente guerra entre Armenia y Azerbaiyán da una idea de cómo se librarán los combates a partir de ahora. Ha sido una sorpresa relativa porque 2020 ya apuntaba como el año en el que se podía iniciar la irrupción del nuevo modelo de guerra del siglo XXI. Y así ha sido.

El 03 de enero de 2020 cuatro misiles Hellfire lanzados desde un dron MQ-9 Reaper estadounidense mataron en el aeropuerto de Bagdad al general Qassem Soleimani, comandante de la fuerza de elite Al Quds de la Guardia Revolucionaria iraní, y a Abu Mahdi al Muhandis, segundo jefe de las milicias iraquíes Hasd Al Shaabi. No era la primera vez que EEUU empleaba aviones de combate no tripulados (UCAV) para eliminar un objetivo, pero hasta entonces las misiones de alto valor estratégico se habían confiado a unidades de operaciones especiales que ejecutaban acciones quirúrgicas sobre el terreno, dando la cara. Así es como EEUU acabó en 2011 con el líder de al-Qaeda, Osama bin Laden, y con el líder del Estado Islámico, Abu Bakr Al Bagdadi, en octubre de 2019, dos meses antes del ataque en el aeropuerto de Bagdad.

Las fuerzas armadas de EEUU y la CIA llevan años empleando UCAV para acabar con terroristas o destruir objetivos militares de menor valor estratégico que el general iraní. Empezaron en 1999 empleando drones de vigilancia y reconocimiento (UAV) en Kosovo y en menos de tres años ya los empleaban en acciones armadas en Afganistán. Más recientemente, en octubre de 2020, el Comando Central norteamericano dijo haber matado con armas teledirigidas a siete líderes de al-Qaeda en la ciudad siria de Idlib.

EEUU no es el único país que usa armas teledirigidas. Durante el verano de 2019 Irán lanzó ataques con drones sobre refinerías saudíes, ataques que fueron reivindicados con escasa credibilidad por rebeldes yemeníes. Israel también emplea UCAV con profusión. En agosto de 2019 comunicó que había atacado con drones kamikaze (munición merodeadora) la base de Aqraba, al sureste de Damasco. También en Siria, Rusia emplea UAV para guiar al Ejército Árabe Sirio contra las fuerzas antigubernamentales, por ejemplo, en los combates de septiembre de 2020 en la región de Jabal Al-Zawiya y la llanura de Al-Ghaab.

Todas estas acciones, y otras muchas como las de la guerra civil de Libia, han hecho un uso puntual de los UCAV. Esta forma de actuar empezó a cambiar en el invierno de 2020. Del 27 de febrero al 05 de marzo, Turquía lanzó la operación “Escudo de Primavera” para detener el avance sirio en el enclave opositor de Idlib. El peso de la operación recayó sobre UAV y UCAV turcos en combinación con artillería cohete y sistemas de guerra electrónica (EW). Esta ha sido la primera vez que se ha empleado, de forma reiterada y consistente, drones de localización y señalamiento de objetivos, además de drones de ataque y suicidas que actuaron contra medios acorazados y mecanizados, vehículos, piezas de artillería, sistemas de defensa aérea e infantería. El resultado fue un éxito, pero no pasó de ser una corta operación millitar.

Sin embargo, la Guerra del Alto Karabaj de 2020 es el escenario que mejor ha representado hasta el momento la transformación de los conflictos armados. Gracias al empleo “masivo” de UCAV, Azerbaiyán solo necesitó 44 días para ganar la guerra que ha resuelto, de momento, un conflicto larvado durante décadas. Alto Karabaj es una región de población mayoritariamente armenia ubicada dentro de las fronteras de Azerbaiyán. Tras la disolución de la Unión Soviética, el movimiento secesionista condujo a una guerra (1988-1994) entre armenios y azeríes que produjo la pérdida para Azerbaiyán del enclave y de siete distritos circundantes, y la creación de la no reconocida República del Alto Karabaj (llamada Artsaj desde 2017). Del 27 de septiembre al 10 de noviembre de 2020 los mismos contendientes se enfrentaron en una segunda guerra finalizada con un acuerdo que permitió a Azerbaiyán recuperar parte de su territorio y sirvió a los armenios para salvar parte de la zona en disputa y muchas vidas.

Los UCAV resultaron decisivos para la victoria e hicieron que el avance terrestre azerí se convirtiera en un paseo militar. Con todas sus limitaciones, en el Alto Karabaj se ha librado la primera guerra del siglo XXI y se ha confirmado que una estrategia de ventaja tecnológica es garantía de éxito, sobre todo si el enemigo combate como en el siglo XX (Armenia no tenía drones militares). Este conflicto también ha avanzado algunos elementos que definirán el modelo de guerra de la era de la robótica y que se apuntan a continuación.

Primero, la superioridad tecnológica es la gran ventaja estratégica del siglo XXI. Los UCAV azeríes acabaron con la defensa aérea y las fuerzas terrestres armenias, incluida la artillería, los medios acorazados y la infantería.  

Segundo, automatizar la guerra es barato. Los drones militares son económicos, hasta el punto de que se los ha permitido una economía como la de Azerbaiyán, la 89 del mundo. Este país ha dispuesto de un poder aéreo determinante por mucho menos de lo que cuesta una fuerza aérea convencional. Como referencia, Ucrania ha comprado doce drones TB2 turcos, como los de Azerbaiyán, y tres estaciones de control terrestre por 69 millones de dólares, mucho más barato que un solo Eurofighter.

Tercero, la tecnología de doble uso está disponible. Azerbaiyán no fabrica drones; los compra a Israel y a Turquía. Usó Harop, Skystriker y Orbiter 1K israelíes (drones kamikaze), Bayraktar TB2 turcos y drones de vigilancia. También empleó once viejos biplanos An-2 soviéticos, convertidos en drones, como señuelo para activar las defensas antiaéreas armenias y delatar sus posiciones.

Cuarto, automatizar la guerra es rentable. Los drones son mucho más baratos que sus víctimas las fuerzas acorazadas, la artillería y los sistemas de defensa aérea. Los misiles tierra-aire, los radares y los carros de combate sirven de poco si no se protegen con una sólida defensa antidrones.

Quinto y último, la guerra a distancia es un espectáculo. Los videos de los ataques con drones se subieron cada día a la página web del Ministerio de Defensa de Azerbaiyán, se transmitieron en pantallas gigantes de la capital, Bakú, se publicaron en YouTube y se retuitearon hasta la saciedad. Esto confirma que las muertes a distancia favorecen la anestesia emocional de la población.

El conflicto entre armenios y azeríes ha mostrado cómo se librarán las guerras del futuro, aunque no exactamente. Su corta duración y la victoria sin paliativos de Azerbaiyán fue posible gracias a que Armenia no disponía de la tecnología adecuada. Esto ocurrirá cada vez menos porque, como hemos dicho, la tecnología de los UCAV es barata y accesible.

En resumen, en 2020 se han concatenado tres hitos protagonizados por drones militares y que marcan la línea que seguirá la transformación de los conflictos armados: el primer ataque con UCAV sobre un objetivo de gran valor estratégico (03 enero); la primera operación militar en la que el peso principal recayó en la acción combinada de UCAV, artillería cohete y sistemas EW (27 febrero – 05 marzo), y la primera guerra en la que se ha usado de forma sistemática todo tipo de drones militares (27 septiembre – 10 noviembre). Los tres hitos –el ataque, la operación y la guerra– se saldaron con un rotundo éxito para la parte que empleó los sistemas de armas dirigidos a distancia. La transformación de la guerra seguirá la línea marcada por la tecnología, que ha demostrado ser, una vez más, la principal ventaja estratégica. La guerra del siglo XXI ya se ha empezado a mostrar.

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